Trauma de apego temprano

Trauma de Apego Temprano

Cuando los niños se desarrollan en un ambiente donde sus propios cuidadores son la fuente de sus miedos, es probable que crezcan en una situación en la que no tienen a nadie a quien acudir, ya que la/s persona/s que tendrían que protegerles, son la que en realidad les aterra. Los niños no tienen más opción que aprender a sobrevivir con la familia que les ha tocado en suerte. Su supervivencia depende de sus mayores, sin embargo, estos mismos cuidadores son la fuente de su terror e inseguridad

¿Qué pueden hacer entonces?

Hoy sabemos que los patrones de apego temprano crean los “mapas internos” que aplicaremos de forma automática a lo largo de nuestra vida para relacionarnos con nosotros mismos, las personas y nuestro entorno. Parece que si no hemos sentido una sensación interna de seguridad, nos resulta difícil distinguir entre la seguridad y el peligro.

Las personas que han sobrevivido en entornos inseguros en su infancia, han generado un sistema biológico en el que su sistema nervioso está siempre hipo o hiperactivado,  como mecanismo para hacer frente a las amenazas. O bien aprenden a desconectarse, o a estar en constante vigilancia a lo que pueda pasar.

Poner el acento del tratamiento en modificar ese sistema biológico desarrollado durante la niñez, que genere cambios en  los mapas mentales de referencia, parece que es la opción para que la persona pueda percibir el mundo desde otra perspectiva y pueda comenzar a sentir seguridad consigo mism@ y con el mundo que le rodea.

Bowlby y la teoría del apego

La teoría del apego reconoce la necesidad evolutiva de apego en el niño con respecto a su cuidador, como una necesidad de carácter biológico: “el sistema de apego es un componente de la programación genética humana tan importante como la alimentación y el apareamiento” (Bowlby, 1969/1982).

Un niño pequeño difícilmente sobrevive sin el cuidado de otras personas, de esta manera, el apego es una necesidad evolutiva que se manifiesta en tres tipos de conductas:

  1. Búsqueda, seguimiento y mantenimiento de la proximidad a una figura de apego protectora.
  2. Uso de la figura de apego como bases segura desde la que es posible explorar el mundo.
  3. Búsqueda de una figura de apego como un refugio que le permita obtener consuelo en situaciones sentidas como peligrosas.

La búsqueda de proximidad, según Bowlby y sus discípulos, es una estrategia de regulación afectiva innata en el niño cuya función es la protección ante amenazas físicas o psicológicas y el alivio del malestar emocional.

Cuando el niño – preprogramado para acudir a una base segura cuando se siente en peligro- siente que su figura de apego puede ser fuente de peligro, se encuentra dividido entre los impulsos contradictorios de aproximación/huida.

Esta sensación queda gravada en la memoria emocional del niño que desarrolla una “teoría implícita” sobre sí mismo, el mundo y los demás, como algo desconcertante e inseguro.

Obtenemos dichas teorías de los recuerdos de la experiencia pasada y lo utilizamos para hacer predicciones  sobre la experiencia presente y futura, como un mapa que guía nuestra conducta, pensamientos y emociones. Si nos hemos desarrollado en un entorno que nos proporciona seguridad, nuestra teoría implícita es que existe un mundo hasta cierta forma confiable. Sin embargo si nos hemos desarrollado en un entorno inseguro, aprendemos todo lo contrario, con dificultades de autoregulacion afectiva que suponen a la larga:

  1. encontrarse permanentemente alerta ante la posibilidad de peligros y/o amenazas que perciben como muy reales aunque sean subjetivas.
  2. tener dificultades para modular la reacción inmediata de ansiedad mediante pensamiento racional
  3. dificultad para modular sus estados de ánimo mediante el autocontrol consciente.

Psicoterapia del trauma de apego temprano

Validando la conclusión que el apego inseguro comporta un factor de riesgo para presentar problemas emocionales, la psicoterapia puede crear la base sobre la que la persona aprenda a modificar ese patrón de interpretar el mundo y cambie hacia estilo de apego seguro.

Para ello se requiere que la persona tenga nuevas experiencias relacionales y nuevas formas de interpretarlas. En tales casos, la eficacia de la terapia parece responde a la relación terapéutica en mucha mayor medida que a las técnicas especificas empleadas (lambert 1986)

Pensar sobre los sentimientos, los pensamientos y las creencias implícitas y aprendidas desde tan niño, en el contexto de una figura terapéutica de apego seguro, crea la posibilidad de reconfigurar lo aprendido y reinterpretar el mundo a los otros y a si mismo de otra manera, mas adaptativa.

Proporcionar durante la psicoterapia una base segura desde donde el paciente interprete su mundo es conseguir que el paciente pueda aprender nuevos patrones de apego. Si el terapeuta identifica el patrón de apego de su cliente y las necesidades básicas no cubiertas, podrá elegir como actuar con su paciente para ser la “base suficientemente buena” para que la persona se sienta segura para explorar el mundo sabiendo que puede contar con el apoyo de su terapeuta.

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